Baena, situada donde la sierra Subbética se funde con la vasta campiña, alberga un tesoro natural único: las lagunas de la Campiña. Estas pequeñas joyas acuáticas, dispersas entre olivares y campos de cereal, son testigos silenciosos de un pasado en el que los humedales dominaban el paisaje. Hoy, aunque reducidas en extensión, conservan un valor ecológico incalculable y sirven de refugio para una rica biodiversidad, especialmente para las aves acuáticas.
Este grupo de jóvenes voluntarios, formado por estudiantes, biólogos, veterinarios, maestros, pescadores e investigadores decidieron unirse en 1999 con el fin de conservar la biodiversidad del país sudamericano.