Ubicada en el corazón de Baviera, a orillas del río Danubio, Ratisbona (Regensburg en alemán) es un destino que cautiva a viajeros de todo el mundo. Con una rica historia que se remonta a la época romana, esta ciudad es un escaparate del patrimonio cultural alemán. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Ratisbona es famosa por su centro histórico perfectamente conservado, su arquitectura medieval y su vibrante vida cultural.
El puente de piedra: un símbolo de la ingeniería medieval
Uno de los mayores emblemas de Ratisbona es su puente de piedra (Steinerne Brücke), una maravilla de la ingeniería medieval construida entre 1135 y 1146. Este puente, que cruza majestuosamente el río Danubio, no solo fue clave para el comercio en la región durante siglos, sino que también sirvió de modelo para la construcción de otros puentes en Europa, como el Puente de Carlos en Praga. Caminar por sus 16 arcos de piedra es como retroceder en el tiempo, mientras se disfrutan vistas panorámicas de la ciudad y del río.
La catedral de San Pedro: una obra maestra del gótico
La catedral de San Pedro (Dom St. Peter) es otro punto imperdible de Ratisbona. Este imponente edificio es un ejemplo excepcional de la arquitectura gótica en Alemania. Su construcción comenzó en el siglo XIII y se prolongó durante más de 250 años. Las torres gemelas de la catedral, visibles desde casi cualquier punto de la ciudad, se elevan a 105 metros de altura, y su interior deslumbra con hermosas vidrieras, un coro de niños mundialmente reconocido (los Regensburger Domspatzen) y una atmósfera que invita a la contemplación.
El centro histórico: un viaje al pasado
El casco antiguo de Ratisbona es uno de los mejor conservados de Europa. Sus estrechas calles empedradas, sus casas patricias con fachadas de vivos colores y sus antiguas plazas están repletas de historia. En el corazón del centro histórico se encuentra la plaza Haidplatz, rodeada de palacetes que fueron hogar de familias nobles durante la Edad Media. Esta plaza, que en verano se llena de terrazas y eventos al aire libre, es un lugar ideal para disfrutar del ambiente de la ciudad.
Otro rincón destacado es la Alter Kornmarkt, una antigua plaza comercial dominada por la torre del reloj y la iglesia de San Juan. Aquí también se encuentra el Museo Histórico de Ratisbona, donde los visitantes pueden aprender sobre la evolución de la ciudad desde sus orígenes romanos hasta la actualidad.
Otros puntos de interés: el monasterio de San Emmeram y la torre dorada
Ratisbona también alberga tesoros menos conocidos pero igualmente fascinantes. El monasterio de San Emmeram, hoy convertido en el castillo Thurn und Taxis, fue fundado en el siglo VIII y es un testimonio del arte y la arquitectura eclesiástica en Baviera. Actualmente, el castillo es la residencia de una de las familias aristocráticas más antiguas de Europa y puede visitarse en visitas guiadas.
Otro lugar que merece una parada es la torre dorada (Goldener Turm), una de las muchas torres medievales que se construyeron como símbolo de riqueza y poder en la ciudad. Con 50 metros de altura, esta torre de estilo lombardo es un ejemplo único de la influencia italiana en Ratisbona.
El legado de Johannes Kepler
Ratisbona también tiene un importante vínculo con la ciencia. Fue en esta ciudad donde murió en 1630 el astrónomo y matemático alemán Johannes Kepler, conocido por sus leyes sobre el movimiento planetario. Una placa conmemorativa en el lugar de su fallecimiento, cerca de la iglesia de San Pedro, rinde homenaje a su legado. Además, el Kepler Gedächtnishaus (Casa Memorial Kepler) en la ciudad ofrece una visión fascinante de su vida y trabajo.
Gastronomía y cultura local
Ratisbona no solo deslumbra por su historia y arquitectura, sino también por su rica oferta gastronómica. En las tabernas locales se pueden degustar especialidades bávaras como las salchichas de Ratisbona (Regensburger Würstchen), acompañadas de una buena jarra de cerveza elaborada en alguna de las cervecerías históricas de la ciudad.
Además, la ciudad es conocida por sus festivales culturales, como el Regensburg Jazz Weekend y el Festival Internacional de Teatro de Marionetas, que atraen a artistas y visitantes de todo el mundo.
Cómo llegar y qué esperar
Ratisbona está situada a unos 120 kilómetros al noreste de Múnich y es fácilmente accesible en tren o coche. Una vez allí, la mejor forma de explorarla es a pie, perdiéndose por sus encantadoras calles y descubriendo sus tesoros ocultos.
Visitar Ratisbona es sumergirse en un lugar donde la historia cobra vida y donde cada rincón cuenta una historia única. Desde su icónico puente de piedra hasta su legado científico, esta ciudad bávara es un destino imprescindible para cualquier amante de la cultura, la arquitectura y la buena vida.
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